A modo de análisis tipificado en forma de analogía, viene a
la memoria una vieja propaganda de lucha contra el HIV que resulta funcional a
explicar una idea. Decía: Primero se llevaron a los Homosexuales, pero yo no me
preocupé, porque no era homosexual...Después se llevaron a los drogadictos,
pero yo no me preocupé, porque no era drogadicto...Luego siguieron los
hemofílicos, pero yo no me preocupé, porque no era hemofílico... Ahora ya es
tarde.
Y en términos de
catástrofes naturales derivadas de calentamiento global y destrucción de
ecosistemas ocurre exactamente lo mismo. Cuántas veces se ha visto con asombro
y sorpresa los desastres que las inundaciones causaban en otros
países, o los tornados, o los huracanes, o los tifones, y la respuesta que ello
nos provocaba era trasladar la noticia al verdulero para hablar de cosas
maravillosas que rompían con lo cotidiano. Nunca cruzó por nuestra cabeza
modificar conductas de consumo desmedido, involucrar y crear organizaciones de
defensa o concientización, no, jamás.
¿Qué esperaban? Jamás es tarde para intentar actuar, pero a veces,
retrasar la respuesta redunda en los efectos negativos conseguidos. Y en la humanidad
civilizada, culpable del cambio climático y deterioro ambiental, la discusión
se viene postergando.
La evidencia cae del cielo
Qué ha ocurrido durante este último ciclo, desde el invierno
2012 al otoño 2013. Muchas cosas. Había
pasado el verano, y por ende, la estación de los grandes acontecimientos
climatológicos. Al menos, eso era lo esperado en la zona donde centra la
atención este blog (Bahía Blanca y sur). Pero la sorpresa volvería a irrumpir
intempestivamente, dado que los principales hitos se sucedieron durante las
primeras semanas de marzo, y en los primeros días de abril. Una fecha que
volvía a coincidir con el año anterior,
donde también los hechos más salientes en materia de deterioro climático se habían dado justo sobre el inicio del otoño.
Fuente (foto): www.cronista.com/
El 25 de febrero, de 2013, durante un fin de semana largo, cae una
pedrada sobre la ciudad de Mar del Plata. Se lograron encontrar piedras de hasta 5
centímetros de diámetro. “Algunos recién
estaban llegando a la playa en una tarde espectacular, con 27 grados de
temperatura y el sol brillando en un cielo limpio. Pero el mar, como si se
tratara de un presagio, estaba agitado: las olas eran altas y rompían con
fuerza. Repentinamente, cerca de las tres de la tarde, una cordillera de
nubarrones grises se aproximó rápido desde el sudeste y encapotó Mar del Plata.
Y en no más de diez minutos la azotó con una descomunal tormenta de agua,
viento y granizo que provocó serios daños en viviendas y autos, y dejó algunos
heridos”. ( http://www.clarin.com/sociedad/Mar-Plata-sacudida-tormenta-granizo_0_872312799.html) Entre los edificios más afectados se encontró
el Banco de la Provincia de Buenos Aires, donde la totalidad de los ventanales
pertenecientes a los 14 pisos, fueron destruidos. Al finalizar la tormenta,
que apenas duró 10 minutos, cientos de historias de pérdidas materiales
inundaron la web, como la señora oriunda del pueblo en que vive quien escribe
estas líneas. Ocurrió que ese fin de semana, ella, estrenaba un lujoso
chevrolet 0km mientras se tomaba unas mini vacaciones en Mar del Plata, cuya
chapa terminó muy cuarteada.
El dos de abril, día negro simbólicamente para los
argentinos, pues se cumple el aniversario del inicio de la Guerra De Malvinas, los
habitantes de la ciudad de La Plata debieron lamentar otros asuntos. La
historia es más larga, pues arranca los últimos momentos del 1 de abril en la
ciudad de Buenos Aires. Donde una torrencial lluvia, en algunos Barrios como
Villa Martelli, Belgrano, Saavedra, Villa Santa Rita, Villa General Mitre y
Villa Pueyrredón, alcanza los 171 milímetros en tan solo 2 hs. Ello provoca
inundaciones y caos. En muchas calles el agua alcanza poco más de un metro, se corta la luz, tampoco funcionan las líneas
telefónicas, ni siquiera los celulares, y las cocheras de los edificios se
transforman en verdaderas piletas de natación. Las siguientes horas de oscuridad son un
verdadero reino del miedo, pues algunos delincuentes aprovechan el desconcierto
para beneficio propio.
Fuente (foto): lt10digital
Pero,a esas alturas, lo peor no había pasado . Todavía no. Una
increíble tormenta llegaría durante la tarde del 2 de abril, a la ciudad de La
Plata, donde según muchas fuentes caen 300 milímetros. Rápidamente se inunda
el centro y algunos Barrios como Los
Hornos, Villa Elvira, Tolosa. En esos momentos, verdaderos ríos torrentosos
corren por las calles con profundidades que van del metro al metro ochenta. Las corrientes arrastran maderas, basuras, ratas , perros,
gatos, muebles, incluso cientos de vehículos son desplazados varias cuadras.
Sin embargo, el saldo más grande son las vidas humanas. Muchas personas mueren. La respuesta desde el poder político resulta ser incriminaciones
de culpas y negligencias entre los gobernantes. La desprolijidad es tan grande que no se ha logrado acordar la cantidad
de muertes ocurridas, en principio, se decía que el número era de 51. Lo cierto es que al día 15 de mayo de 2013,
habían sido establecidas 67 víctimas mortales del temporal en la plata,
mientras que 219 decesos restarían ser confirmados o desmentidos, como producto
del evento meteorológico. (http://es.wikipedia.org/wiki/Inundaci%C3%B3n_en_La_Plata_de_2013)
La contracara de la moneda
Todo esto ocurre al mismo tiempo en que el Norte Argentino
sufre una terrible sequía. Al respecto, el
presidente del Frente Nacional Campesino (FNC), Benigno López, señaló que "una
sequía histórica golpea al sector campesino de cinco provincias del norte
argentino". López, ante tal acaecer, también demandó auxilio gubernamental frente a la "emergencia".
Las provincias afectadas serían: Jujuy; Salta; Formosa; Chaco y Santiago del
Estero.
Vale preguntar, a esta altura, qué conexión puede existir entre la gran sequía y las torrenciales lluvias sobre las ciudades del centro este del país.
Para contrastar más la situación, el 11 de abril, una tormenta
arrojó 160 milímetros sobre Santa fé, en unas pocas horas. Poco tiempo
después, a fines de junio del mismo año, el río Paraná registró una crecida muy
importante debido a las lluvias y mantuvo en vilo a todas las localidades
rivereñas (que son muchísimas, incluida Santa Fé). La crisis duró poco más de
una intensa semana donde de habló de muchas posibles evacuaciones. Al final,
gracias al cielo, no fueron tantas.
Todo esto debería dejar suficiente espacio para la reflexión. Porque todas estas desigualdades, de mucha agua en un lado,
poca en otro, no debería sorprendernos. Tampoco los inundados ni las
inundaciones, dado que es el principal síntoma del cambio climático. Es el
indicador más claro. La diferencia es que esta vez golpeó grandes metrópolis
argentinas y apareció en los medios siendo posible que incontables audiencias
se identificaran con el problema. Alguien recuerda los inundados del centro de
la Pcia de Bs As. No, seguro que no. Y esas aguas, pese al transcurso de los
años, siguen allí y no se han retirado. Pero no salen en los medios. ¿Será esa
la cuestión? Será ese el paso definitivo. Será necesaria buscar la manera de
que las catástrofes climáticas acaparen audiencias y vendan publicidad para que
sean tomadas en serio…o habrá que esperar hasta que el agua nos llegue al
cuello como a la gente de La Plata.


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