28 jul 2013

La atlántida Argentina


A modo de análisis tipificado en forma de analogía, viene a la memoria una vieja propaganda de lucha contra el HIV que resulta funcional a explicar una idea. Decía: Primero se llevaron a los Homosexuales, pero yo no me preocupé, porque no era homosexual...Después se llevaron a los drogadictos, pero yo no me preocupé, porque no era drogadicto...Luego siguieron los hemofílicos, pero yo no me preocupé, porque no era hemofílico... Ahora ya es tarde.
 Y en términos de catástrofes naturales derivadas de calentamiento global y destrucción de ecosistemas ocurre exactamente lo mismo. Cuántas veces se ha visto con asombro y sorpresa los desastres que las inundaciones  causaban en otros países, o los tornados, o los huracanes, o los tifones, y la respuesta que ello nos provocaba era trasladar la noticia al verdulero para hablar de cosas maravillosas que rompían con lo cotidiano. Nunca cruzó por nuestra cabeza modificar conductas de consumo desmedido, involucrar y crear organizaciones de defensa o concientización, no, jamás.  ¿Qué esperaban? Jamás es tarde para intentar actuar, pero a veces, retrasar la respuesta redunda en los efectos negativos conseguidos. Y en la humanidad civilizada, culpable del cambio climático y deterioro ambiental, la discusión se viene postergando.

 

La evidencia cae del cielo

Qué ha ocurrido durante este último ciclo, desde el invierno 2012 al otoño 2013. Muchas cosas.  Había pasado el verano, y por ende, la estación de los grandes acontecimientos climatológicos. Al menos, eso era lo esperado en la zona donde centra la atención este blog (Bahía Blanca y sur). Pero la sorpresa volvería a irrumpir intempestivamente, dado que los principales hitos se sucedieron durante las primeras semanas de marzo, y en los primeros días de abril. Una fecha que volvía a  coincidir con el año anterior, donde también los hechos más salientes en materia de deterioro climático se habían dado justo sobre el inicio del otoño.

                                          Fuente (foto): www.cronista.com/

El 25 de febrero, de 2013, durante un fin de semana largo, cae una pedrada sobre la ciudad de Mar del Plata. Se lograron  encontrar piedras de hasta 5 centímetros de diámetro. “Algunos recién estaban llegando a la playa en una tarde espectacular, con 27 grados de temperatura y el sol brillando en un cielo limpio. Pero el mar, como si se tratara de un presagio, estaba agitado: las olas eran altas y rompían con fuerza. Repentinamente, cerca de las tres de la tarde, una cordillera de nubarrones grises se aproximó rápido desde el sudeste y encapotó Mar del Plata. Y en no más de diez minutos la azotó con una descomunal tormenta de agua, viento y granizo que provocó serios daños en viviendas y autos, y dejó algunos heridos”. ( http://www.clarin.com/sociedad/Mar-Plata-sacudida-tormenta-granizo_0_872312799.html)  Entre los edificios más afectados se encontró el Banco de la Provincia de Buenos Aires, donde la totalidad de los ventanales pertenecientes a los 14 pisos, fueron destruidos. Al finalizar la tormenta, que apenas duró 10 minutos, cientos de historias de pérdidas materiales inundaron la web, como la señora oriunda del pueblo en que vive quien escribe estas líneas. Ocurrió que ese fin de semana, ella, estrenaba un lujoso chevrolet 0km mientras se tomaba unas mini vacaciones en Mar del Plata, cuya chapa terminó muy cuarteada. 

El dos de abril, día negro simbólicamente para los argentinos, pues se cumple el aniversario del inicio de la Guerra De Malvinas, los habitantes de la ciudad de La Plata debieron lamentar otros asuntos.  La historia es más larga, pues arranca los últimos momentos del 1 de abril en la ciudad de Buenos Aires. Donde una torrencial lluvia, en algunos Barrios como Villa Martelli, Belgrano, Saavedra, Villa Santa Rita, Villa General Mitre y Villa Pueyrredón, alcanza los 171 milímetros en tan solo 2 hs. Ello provoca inundaciones y caos. En muchas calles el  agua alcanza poco más de un metro,  se corta la luz, tampoco funcionan las líneas telefónicas, ni siquiera los celulares, y las cocheras de los edificios se transforman en verdaderas piletas de natación.  Las siguientes horas de oscuridad son un verdadero reino del miedo, pues algunos delincuentes aprovechan el desconcierto para beneficio propio. 

                                          Fuente (foto):  lt10digital

Pero,a esas alturas, lo peor no había pasado . Todavía no. Una increíble tormenta llegaría durante la tarde del 2 de abril, a la ciudad de La Plata, donde según muchas fuentes caen 300 milímetros. Rápidamente se inunda el  centro y algunos Barrios como Los Hornos, Villa Elvira, Tolosa. En esos momentos, verdaderos ríos torrentosos corren por las calles con profundidades que van del metro al metro ochenta. Las corrientes arrastran maderas, basuras, ratas , perros, gatos, muebles, incluso cientos de vehículos son desplazados varias cuadras. Sin embargo, el saldo más grande son las vidas humanas.  Muchas personas mueren. La respuesta  desde el poder político resulta ser incriminaciones de culpas y negligencias entre los gobernantes. La desprolijidad es  tan grande que no se ha logrado acordar la cantidad de muertes ocurridas, en principio, se decía que el número era de 51.  Lo cierto es que al día 15 de mayo de 2013, habían sido establecidas 67 víctimas mortales del temporal en la plata, mientras que 219 decesos restarían ser confirmados o desmentidos, como producto del evento meteorológico.    (http://es.wikipedia.org/wiki/Inundaci%C3%B3n_en_La_Plata_de_2013)

 

 La contracara de la moneda

Todo esto ocurre al mismo tiempo en que el Norte Argentino sufre una terrible sequía. Al respecto,  el presidente del Frente Nacional Campesino (FNC), Benigno López, señaló que "una sequía histórica golpea al sector campesino de cinco provincias del norte argentino". López, ante tal acaecer, también demandó auxilio gubernamental frente a la "emergencia". Las provincias afectadas serían: Jujuy; Salta; Formosa; Chaco y Santiago del Estero.
Vale preguntar, a esta altura, qué conexión puede existir entre la gran sequía y las torrenciales lluvias sobre las ciudades del centro este del país.
Para contrastar más la situación, el 11 de abril, una tormenta arrojó  160 milímetros sobre  Santa fé, en unas pocas horas. Poco tiempo después, a fines de junio del mismo año, el río Paraná registró una crecida muy importante debido a las lluvias y mantuvo en vilo a todas las localidades rivereñas (que son muchísimas, incluida Santa Fé). La crisis duró poco más de una intensa semana donde de habló de muchas posibles evacuaciones. Al final, gracias al cielo, no fueron tantas.
Todo esto debería dejar suficiente espacio para la reflexión. Porque todas estas desigualdades, de mucha agua en un lado, poca en otro, no debería sorprendernos. Tampoco los inundados ni las inundaciones, dado que es el principal síntoma del cambio climático. Es el indicador más claro. La diferencia es que esta vez golpeó grandes metrópolis argentinas y apareció en los medios siendo posible que incontables audiencias se identificaran con el problema. Alguien recuerda los inundados del centro de la Pcia de Bs As. No, seguro que no. Y esas aguas, pese al transcurso de los años, siguen allí y no se han retirado. Pero no salen en los medios. ¿Será esa la cuestión? Será ese el paso definitivo. Será necesaria buscar la manera de que las catástrofes climáticas acaparen audiencias y vendan publicidad para que sean tomadas en serio…o habrá que esperar hasta que el agua nos llegue al cuello como a la gente de La Plata.

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