24 abr 2012

Más dudas que certezas entre el desconcierto profético de 2012

Más dudas que certezas entre el desconcierto profético de 2012


El verano de 2012 se nos iba de las manos y no había golpeado como otras veces. Tal vez sospechábamos que su paso repercutía de manera silenciosa demostrando los efectos del calentamiento global con suma moderación. Ello significaba que resultaba visible a los ojos de quienes lo quisieran ver, o se ocultara bajo los fundamentos de falsos matices que consistían en vislumbrar una leve recuperación ambiental.
Pero no fue así. De repente, cuando nadie lo esperaba, durante momentos donde el calor debía ser menos intenso y el otoño se instalaba, comenzaron a ocurrir cosas más significativas que en el propio verano, dejando sin sentido esa argumentación y volviendo a reincidir en  los marcados anuncios de deterioro avanzado.
Pero al fin y al cabo, si pusiéramos un poco de empeño en meditar el asunto, debería surgir una  cuestión en particular. Y la misma redundaría en concluir por qué necesitamos de un violento recordatorio año tras año. ¿No nos alcanza con lo visto? ¿Para poder hablar de cambio climático y de recalentamiento global es necesario observar catástrofes diariamente?
La respuesta debería ser: claro que no lo necesitamos. Claro que sabemos. Claro que tenemos memoria. Claro que lo recordamos a cada instante. Claro que bregamos para aminorar los efectos. Claro que educamos para revertir el futuro. Y sin embargo…

Algunos hechos
Ya sabíamos de la ola de frío intenso y muy prolongado en Europa. También habíamos escuchado de algunos tornados fuera de época en los EE.UU. Un estudio realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, había dicho que el patrón de lluvias en Costa rica se estaba alterando. Mientras, en el Salvador, la defensa civil alertaba del aumento de incendios forestales debido al aumento de las temperaturas. Se tenía idea de los grandes incendios en chile a partir de 4 de enero y que posiblemente, habían sido alentados por las manos de activistas. Habíamos escuchado que la intensa sequía que azotaba el estado de Durango, en México, amenazaba con afectar a más 67 mil personas. Y nos parecía poco. O tal vez queríamos sentirnos protagonistas de los coletazos que daba la naturaleza en su afán de acomodar un ecosistema desequilibrado. 
Bahía Blanca impávida ante el avance de tremendo frente de tormenta.  Foto tomada por una aficionada, publicada en facebook.
Al fin, el 9 de enero tuvimos noticias. La desgracia calló sobre nosotros recordándonos que estaban sucediendo cosas bastantes inusuales. En Pedro Luro, el cielo se puso oscuro, conformando un muro de nubes tan compactas que los rayos del sol no podían penetrar. Las penumbras reinaron por unos cuantos minutos y esa tarde, se desató una pedrada que provocaría reveladores daños.  Los cascotes de hielo, en muchos casos, tenían el tamaño de huevos de gallina. Incluso, algunos, eran más grandes. Los daños fueron típicos: ventanales, vehículos, parabrisas y toldos, entre otras cosas. Pero lo más relevante de todo el asunto, es que ese tipo de tormentas torrenciales, breves y cargadas de piedra se iban a producir por muchísimos sectores del territorio nacional argentino, durante la mayor parte del verano.
                                       Las piedras caídas en P. Luro durante enero de 2012.
El 19 de marzo, casi fuera de temporada, Buenos Aires recibe una pedrada que provoca cientos de destrozos, transformándose en tapa de medios de manera inmediata. Apenas estaban ensayando lo que días más tarde iba a impactar el suelo porteño.
Pero volviendo a hechos en la zona donde este blog centra su atención (que ya ha anunciado cientos de veces y que lo seguirá haciendo), comprendida desde Bahía Blanca hasta Carmen de Patagones, encontraremos otras manifestaciones naturales fuera de términos.
El episodio tuvo lugar en Cardenal Cagliero, donde un tornado tocó tierra y causó tremendos daños en la minúscula localidad. El hecho no se trasladó a los medios más importantes del país, justamente por esa condición de población ultra pequeña, pero si se analizan los daños de manera proporcional, se verá que la mayor parte del casco urbano sufrió destrozos. Un medio de la ciudad más lejana (Bahía Blanca) señala:
 (Agencia Patagones) -- Con la llegada de las primeras luces del día de ayer, autoridades municipales y vecinos de esta pequeña localidad comenzaron a evaluar la magnitud de los destrozos que dejó el tornado que azotó el último domingo al sudeste del partido de Patagones, que castigó particularmente a esta población ubicada a unos 30 kilómetros del límite con río Negro.
 (…)Tras una recorrida por distintos sectores del tejido urbano de Cardenal Cagliero --población de unos 100 habitantes--, el funcionario evaluó que los daños "fueron bastante graves en los dos edificios públicos más importantes: la Escuela Primaria Básica Nº 30 José Manuel Estrada y la subdelegación y unidad sanitaria" También mencionó que hubo destrozos en el techo del edificio donde se encuentra la subdelegación local y la unidad sanitaria. (…)
Postes de luz caídos, cables cortados, ramas arrancadas de cuajo, chapas retorcidas y dispersas por doquier también formaban parte del panorama de ayer, aunque lo que más llamaba la atención era el derrumbe de una parte del histórico almacén de ramos generales local.(…)                                       
                          http://www.lanueva.com/edicion_impresa/nota/6/03/2012/c36025.prt)                       
      Daños en Cardenal Cagliero, un almacén derrumbado.
 Foto tomada por: infostroeder.blogia.com
 
El tornado siguió rumbo sureste chocando también, con el pueblo costero San Blas, más conocido como el paraíso de los pescadores. Allí también causó problemas aunque no tan graves como en el anterior destino. Entre ambos puntos mencionados,  dejó un surco de destrucción rompiendo cuanto silo de trigo y galpón se encontró en su camino.
Pocos días más tarde, el mismo siniestro iba golpear las puertas de la Ciudad de Bs As, donde de nuevo los medios iban a darle gran cobertura, debido a los graves daños y a que dejó a 100.000 personas sin luz por varios días. Pero no fueron las únicas zonas afectadas, muchos otros distritos del país también padecieron el paso destructivo del meteoro, como Rosario, Coronel Súarez, etc.  

La era de la contra-inocencia
¿Qué nos dejó todo esto más que chatarra amontonada? La certeza de que no podemos olvidar ni soslayar el problema. Ya no es posible ignorarlo. Una lectura superficial podría consistir en que ahora sabemos que otra de las características del cambio climático es la intempestividad de los efectos. Ello significa que los fenómenos meteorológicos propios de una estación determinada del año, pueden presentarse en otro momento.
Pero no me conformo con esa afirmación categórica salida de la salita roja de un aula de jardín de infantes, donde sopla el monzón y hace aullar las ventanas provocando el miedo de los niños.
Basta de mirar para el costado. Basta de creer en idiotas, ciegos y necios. Acá no los hay. Acá  lo que sí hay es mucha gente poderosa que sabe lo que está pasando y que cuenta con  los medios suficientes como para realizar grandes campañas en favor de reducir los efectos del cambio, pero sin embargo, no lo hace. La pregunta obligada es: ¿Por qué no hacen nada?  ¿Y si de repente quisieran que todo pase? Nosotros deberíamos  preguntarnos de nuevo,  por qué quieren que suceda. Y lo único que se me ocurre pensar, es que tal vez, seamos demasiados habitantes humanos en este planeta. (El U.S. Census Bureau norteamericano, al día 01 de enero de 2012 registró una población mundial de 6.984.895.594 habitantes)
Quizá esté equivocado y toda esa teoría conspirativa sea infundada, pero estoy muy seguro que personas tan inteligentes y ricas en términos económicos, que disponen de tantos recursos, no son ajenas al conocimiento de la problemática ecológica de nuestro planeta. Entonces, por qué parecen insensibles a los hechos que se multiplican día tras día. ¿Qué saben que nosotros no sabemos?