Más dudas que certezas entre el desconcierto profético de 2012
El verano de 2012 se nos iba de
las manos y no había golpeado como otras veces. Tal vez sospechábamos
que su
paso repercutía de manera silenciosa demostrando los efectos del
calentamiento
global con suma moderación. Ello significaba que resultaba visible a los
ojos
de quienes lo quisieran ver, o se ocultara bajo los fundamentos de
falsos
matices que consistían en vislumbrar una leve recuperación ambiental.
Pero no fue así. De repente,
cuando nadie lo esperaba, durante momentos donde el calor debía ser
menos
intenso y el otoño se instalaba, comenzaron a ocurrir cosas más
significativas
que en el propio verano, dejando sin sentido esa argumentación y
volviendo a
reincidir en los marcados anuncios de
deterioro avanzado.
Pero al fin y al cabo, si
pusiéramos un poco de empeño en meditar el asunto, debería surgir una
cuestión en particular. Y la misma redundaría
en concluir por qué necesitamos de un violento recordatorio año tras
año. ¿No
nos alcanza con lo visto? ¿Para poder hablar de cambio climático y de
recalentamiento global es necesario observar catástrofes diariamente?
La respuesta debería ser: claro que no lo necesitamos. Claro que
sabemos. Claro que tenemos memoria. Claro que lo recordamos a cada
instante.
Claro que bregamos para aminorar los efectos. Claro que educamos para
revertir
el futuro. Y sin embargo…
Algunos hechos
Ya sabíamos de la ola de frío
intenso y muy prolongado en Europa. También habíamos escuchado de
algunos
tornados fuera de época en los EE.UU. Un estudio realizado por el Programa
de
Naciones Unidas para el Desarrollo, había dicho que el patrón de
lluvias en Costa rica se estaba alterando. Mientras, en el Salvador, la
defensa
civil alertaba del aumento de incendios forestales debido al aumento de
las
temperaturas. Se tenía idea de los grandes incendios en chile a partir
de 4 de
enero y que posiblemente, habían sido alentados por las manos de
activistas. Habíamos
escuchado que la intensa sequía que azotaba el estado de Durango, en
México,
amenazaba con afectar a más 67 mil personas. Y nos parecía poco. O tal
vez
queríamos sentirnos protagonistas de los coletazos que daba la
naturaleza en su
afán de acomodar un ecosistema desequilibrado.
Bahía Blanca
impávida ante el avance de tremendo frente de tormenta. Foto tomada por
una aficionada, publicada en facebook.
Al fin, el 9 de enero tuvimos
noticias. La desgracia calló sobre nosotros recordándonos que estaban
sucediendo cosas bastantes inusuales. En Pedro Luro, el cielo se puso
oscuro, conformando
un muro de nubes tan compactas que los rayos del sol no podían penetrar.
Las
penumbras reinaron por unos cuantos minutos y esa tarde, se desató una
pedrada
que provocaría reveladores daños. Los
cascotes de hielo, en muchos casos, tenían el tamaño de huevos de
gallina.
Incluso, algunos, eran más grandes. Los daños fueron típicos:
ventanales,
vehículos, parabrisas y toldos, entre otras cosas. Pero lo más relevante
de
todo el asunto, es que ese tipo de tormentas torrenciales, breves y
cargadas de
piedra se iban a producir por muchísimos sectores del territorio
nacional argentino,
durante la mayor parte del verano.
Las piedras caídas en P. Luro durante enero de 2012.
El 19 de marzo, casi fuera de temporada, Buenos Aires recibe una pedrada que provoca cientos de destrozos, transformándose en tapa de medios de manera inmediata. Apenas estaban ensayando lo que días más tarde iba a impactar el suelo porteño.
Las piedras caídas en P. Luro durante enero de 2012.
El 19 de marzo, casi fuera de temporada, Buenos Aires recibe una pedrada que provoca cientos de destrozos, transformándose en tapa de medios de manera inmediata. Apenas estaban ensayando lo que días más tarde iba a impactar el suelo porteño.
Pero volviendo a hechos en la
zona donde este blog centra su atención (que ya ha anunciado cientos de
veces y
que lo seguirá haciendo), comprendida desde Bahía Blanca hasta Carmen de
Patagones, encontraremos otras manifestaciones naturales fuera de
términos.
El episodio tuvo lugar en Cardenal
Cagliero, donde un tornado tocó tierra y causó tremendos daños en la
minúscula
localidad. El hecho no se trasladó a los medios más importantes del
país,
justamente por esa condición de población ultra pequeña, pero si se
analizan
los daños de manera proporcional, se verá que la mayor parte del casco
urbano
sufrió destrozos. Un medio de la ciudad más lejana (Bahía Blanca)
señala:
(Agencia Patagones) -- Con la llegada de las
primeras luces del día de ayer, autoridades municipales y vecinos de
esta
pequeña localidad comenzaron a evaluar la magnitud de los destrozos que
dejó el
tornado que azotó el último domingo al sudeste del partido de Patagones,
que
castigó particularmente a esta población ubicada a unos 30 kilómetros
del
límite con río Negro.
(…)Tras
una recorrida por distintos sectores del tejido urbano de Cardenal
Cagliero
--población de unos 100 habitantes--, el funcionario evaluó que los
daños
"fueron bastante graves en los dos edificios públicos más importantes:
la
Escuela Primaria Básica Nº 30 José Manuel Estrada y la subdelegación y
unidad
sanitaria" También mencionó que hubo destrozos en el techo del edificio
donde se encuentra la subdelegación local y la unidad sanitaria. (…)
Postes de luz caídos, cables cortados, ramas arrancadas de cuajo,
chapas
retorcidas y dispersas por doquier también formaban parte del panorama
de ayer,
aunque lo que más llamaba la atención era el derrumbe de una parte del
histórico almacén de ramos generales
local.(…)
Daños en Cardenal Cagliero,
un almacén derrumbado.
Foto tomada por: infostroeder.blogia.com
Pocos días más tarde, el mismo
siniestro iba golpear las puertas de la Ciudad de Bs As, donde de nuevo
los
medios iban a darle gran cobertura, debido a los graves daños y a que
dejó a
100.000 personas sin luz por varios días. Pero no fueron las únicas
zonas
afectadas, muchos otros distritos del país también padecieron el paso
destructivo
del meteoro, como Rosario, Coronel Súarez, etc.
La era de la contra-inocencia
¿Qué nos dejó todo esto más que
chatarra amontonada? La certeza de que no podemos olvidar ni soslayar el
problema. Ya no es posible ignorarlo. Una lectura superficial podría
consistir
en que ahora sabemos que otra de las características del cambio
climático es la
intempestividad de los efectos. Ello significa que los fenómenos
meteorológicos
propios de una estación determinada del año, pueden presentarse en otro
momento.
Pero no me conformo con esa afirmación
categórica salida de la salita roja de un aula de jardín de infantes,
donde
sopla el monzón y hace aullar las ventanas provocando el miedo de los
niños.
Basta de mirar para el costado.
Basta de creer en idiotas, ciegos y necios. Acá no los hay. Acá lo que
sí hay es mucha gente
poderosa que sabe lo que está pasando y que cuenta con los medios
suficientes como para realizar grandes campañas en favor de reducir los
efectos del cambio, pero sin embargo, no lo hace. La pregunta obligada
es: ¿Por qué no hacen
nada? ¿Y si de repente quisieran que todo
pase? Nosotros deberíamos preguntarnos
de nuevo, por qué quieren que suceda. Y
lo único que se me ocurre pensar, es que tal vez, seamos demasiados
habitantes
humanos en este planeta. (El U.S. Census Bureau
norteamericano,
al día 01 de enero de 2012 registró una población
mundial de 6.984.895.594 habitantes)
Quizá esté
equivocado y toda esa teoría conspirativa sea infundada, pero estoy muy
seguro
que personas tan inteligentes y ricas en términos económicos, que
disponen de tantos recursos, no son ajenas al conocimiento de la
problemática ecológica de nuestro
planeta. Entonces, por qué parecen insensibles a los hechos que se
multiplican
día tras día. ¿Qué saben que nosotros no sabemos?



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