Ha pasado poco tiempo desde que escribiera la
última entrada de este blog. Pero ciertos acontecimiento inmediatos, producto
directo de lo que se venía hablando, obligan a efectuar una rápida enumeración.
Este material debe ser visto en contexto con la entrada anterior porque son
causa y consecuencia (o tal vez, consecuencia de consecuencias del cambio
climático).
Pero a ver, seamos sucintos y abordemos de lleno
este infierno diario al que hacemos referencia. Hace poco más de 30 días se
había expuesto en la nota anterior, que para la república argentina había sido
un año de lluvias intensas, tan pero tan grandes, que iban a superar los
registros históricos en muchos lugares. Por supuesto que veíamos en el cambio
climático al posible factor desencadenante de todo eso. Entonces surge la pregunta: ¿qué nos han
dejado las lluvias?
Página 31 del Diario La Nueva Provincia
publicada el 31 de diciembre de 2014
Por supuesto que inconvenientes por anegamientos,
encharcamientos y falta de piso en distintas zonas. Sin embargo, muchos podrían
fundamentar que el agua le hace bien a las plantas, y que cuanta más cantidad,
es mejor. Pero mucha cantidad de agua en una zona no acostumbrada a ella, dejó
un crecimiento desproporcionado en cultivos como el trigo, con tallos largos y
semillas de mala calidad. Algunos expertos suponen que se debe a que los suelos
no pudieron aportar los nutrientes necesarios para tanta cantidad de
especímenes. Por consiguiente, la mentada cosecha espectacular que se esperaba,
cierra como un sueño frustrado de lo que debía ser.
En ese panorama de crecimientos desmedidos por
abundancia de agua, afloran los pastizales de los montes nativos (cada vez
menos) que existen en los partidos de Villarino y Patagones. La primera
impresión que debería causar esto es que se trata de algo positivo, pues los
animales tendrán pasturas abundantes y por ende, los ganaderos encontrarán
buenos resultados en el engorde de sus animales. Sin embargo, la chispa de la
vida siempre se rige por el equilibrio y cuando se pierde, al igual que un
individuo ebrio, termina lastimado. Y eso fue lo que pasó.
Las llamas y el humo pintando el horizonte
con dotes de pánico.
El 28 de diciembre,
por la madrugada (se cree que fue a las 2 a.m.), una tormenta eléctrica que no
precipitó, produjo un rayo que tocó el suelo.
Un piso colmado de pastizales secos cuyo tamaño mucho mayor al de años
anteriores, resultaba el material ideal para producir el siniestro. Y entonces
se desató el infierno. Llamas de tamaños míticos, un frente de fuego que llegó
a medir 42km de largo, dejando tierra arrasada a su paso. Columnas de humo que
ocultaron el sol durante casi tres días en las localidades de Pedro Luro y Juana
Pradere. Lluvias de cenizas y caída de la temperatura como si se tratara de un
invierno nuclear. El resultado fue que gran parte de los campos de “Valbuena” y
“Paso Alsina” fueron incinerados. Los números finales arrojan más de 70.000
hectáreas.
El total de las pérdidas todavía no han sido
consideradas, y escapan al propósito de esta nota que no resulta otro distinto
a señalar, una vez más, que este mundo vive en perene equilibrio. Y por ello,
es menester reparar, en lo que puede llegar a suceder cuando eso se pierde. Aquí se ha visto una nueva señal, pues lo que
se percibía como un sueño de billetes verdes, terminó siendo una bomba de tiempo
que explotó cuando nadie lo esperaba.
Día de sol en Pedro Luro 17 hs. El humo del
cielo da el aspecto de nublado.
Por último, hay que mencionar que se ha irrumpido
en el santuario de este blog. ¿Por qué? Ocurre que la mascota de este blog, su
símbolo, el cardenal amarillo, bella ave en vías de extinción debido a la caza
furtiva, ha sufrido un golpe más. Las enormes extensiones de montes que se han
quemado, servían como reserva natural de este querido amigo. Incluso, la época
del incendio, nos señala que era el momento donde los pichones estaban próximos
a volar. Lo que genera gran dolor debido a la sensible pérdida.
Queda por decir, que las condiciones naturales del
incendio pueden ser vistas como las
consecuencias de la mano del hombre en el clima, o no. Pero lo cierto es que
todos estos desajustes siempre suelen terminar
en catástrofes. Y de manera curiosa, están ocurriendo en el mismo momento.
Si consideramos que hemos sido testigos de una consecuencia (gran incendio), que fue causada por otra consecuencia (gran cantidad de lluvias en zonas áridas) del calentamiento global, no es hora de comenzar a debatir el tema como una problemática de nuestros días, más que comunicarla como una noticia sensacional?
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