El ocaso del verano había comenzado con el último fin de semana antes del arranque del ciclo lectivo, pese a que según el calendario, todavía faltaban varios días. Era su cuenta regresiva. Y ello, también permitía fijar algunos puntos importantes al acaecer de su paso. Era tiempo de ver y comparar los datos arrojados por los distintos episodios ocurridos durante su transcurso…
Pero, la incertidumbre de los efectos provocados por el cambio climático, no resultaba siquiera comparable con la incertidumbre de cuánto tiempo me llevaría escribirlo. Sin embargo, tenía la voz sobria de una vieja amiga y escritora, Lorena, que desde Bahía insistía en que terminara dicha tarea. Cada tanto me enviaba algún correo con contenidos orientados a masajear mi pensamiento. Y así fue, como poco a poco, comenzó la forja de estas ideas sobre el teclado cuan yunque de mi herrería.
EL MUNDO EN LLAMAS, HELADO, AHOGADO, O SECO… ¿CUÁL TE GUSTA?
Muchas cosas han pasado… muchas, a lo largo y ancho del mundo, antes del verano. Estas cosas, que ante los ojos del descuidado pueden redundar en una sucesión de infortunios concentrados en un momento determinado por madre natura, muestran en realidad a quienes quieren apreciar el conjunto, una serie de reincidencias climáticas devenidas ya, en la sintomatología de un enfermo.
Contribuyendo en este orden, resulta interesante reparar sobre algunos episodios ocurridos en todo el planeta, que fueron dramáticos, como mínimo, y extraordinarios a la vez. Por ejemplo, durante el verano ruso, al sur de dicho país, las más altas temperaturas en 130 años desataron cientos de focos de incendios (más de 500) –algo inusual debido a su latitud donde impera el frío,- que avanzaron hasta sitiar la misma Moscú. La superficie arrasada por el fuego también resultó de dimensiones superiores a cualquier incendio ocurrido allí en mil años.
Otro antecedente de calor extremo habría sufrido Brasil en tiempos coetáneos al ruso, donde se padecía una sequía extraordinaria para la región. Según expertos, los niveles de calor y humedad que se registraron en Sao Paulo eran similares a los del desierto del Sahara.
Y para completar el show de excentricidades, la desgracia no se conformó con castigar a los lugareños con más de 150 focos de incendio, pues “el calor originó remolinos ardientes que se desplazaban extendiendo las llamas” dijo un cronista que escribe para “El Comercio”. Este fenómeno es denominado como tornado de fuego, y se trata de algo que se puede desatar sólo bajo estrictas condiciones meteorológicas.
Y para completar el show de excentricidades, la desgracia no se conformó con castigar a los lugareños con más de 150 focos de incendio, pues “el calor originó remolinos ardientes que se desplazaban extendiendo las llamas” dijo un cronista que escribe para “El Comercio”. Este fenómeno es denominado como tornado de fuego, y se trata de algo que se puede desatar sólo bajo estrictas condiciones meteorológicas.Estos dos casos, han sido emblemáticos, por la magnitud de sus destrozos y las pérdidas humanas que causaron. Pero alrededor del globo terráqueo, ocurrieron muchas otras cosas, asociadas al fuego y sus propiedades ígneas, y que para evitar quemar la retina del pobre lector, habrá que obviar.
En este repaso acelerado del acaecer ambiental mundial, no deben soslayarse las gélidas temperaturas vividas durante el invierno 2010-2011 en EE.UU. “una poderosa tormenta (…) bautizada como “El Abominable Monstruo de las Nieves”, que ha provocado interrupciones eléctricas y de las comunicaciones en una amplia área del centro-oeste del país” (www.tecnoupdate.com.ar). Al mismo tiempo, muy lejos de allí, en India, se vivía una “intensa y sin precedente ola de frío, la peor en 40 años”, (www.alertatierra.com ) que dejaría alrededor de 40 muertos. También, en el mismo continente, China, era arrollada por torrenciales lluvias que inundaban amplias zonas.
La misma desgracia debió afrontar Pakistán, que durante 2010 sufrió las inundaciones más grandes de su historia. Estas lluvias, cubrieron el 30 por ciento del territorio, dejaron más de 2.000 muertos, otros miles de heridos y 2 millones de casas destruidas, generando en lo inmediato 6 millones de desplazados. Y mientras al sur de Asia llovía, en Rusia se sufría el terrible incendio, del que ya se habló.
Otro dato destacado, es Colombia, que a finales del año 2010 y a principios de 2011, debió atravesar por el invierno más violento que se le recuerde. Para colmo, durante noviembre llovió 500 veces más que en el mismo mes, de otros años, generando desplazamientos de terreno que sepultaron poblados enteros, entre otros problemas.
Entonces, a la hora de efectuar un balance de lo expuesto, se debe considerar la obviedad de que faltan muchos otros eventos también singulares para el ciclo natural conocido, y trágicos para el ser humano. Pero, pese a ello, es posible afirmar que son testimonios evidentes de que algo está sucediendo en nuestro planeta, y que de una u otra forma, las persona que concentran el mayor poder de decisión y los recursos para afrontar el problema, no quieren advertirlo.
LAS BOFETADAS LOCALES
Llegado a este punto, será momento de atender a los episodios locales, donde se puede adelantar que resulta posible establecer la existencia de determinados paralelismos con los hechos meteorológicos ocurridos alrededor del mundo.
Tal vez el lector asiduo a este blog, en caso de que viva alguien lo suficientemente sacrificado como para reparar en estas líneas, debe estar harto de que se le avise que la zona de influencia que acá se toma como localía, concierne a la pata de la provincia de Buenos Aires; comprendida, en términos específicos, por la superficie de los partidos de Villarino y de C. De Patagones.
La primera aproximación tiene que ver con el calor. ¿Fue mayor a lo esperado? Para contestar esa pregunta, se puede decir que en la zona donde fija especial interés este blog, no se midieron temperaturas extraordinarias que batieran record. Sí, existieron olas de calor intenso, muy prolongadas, en las que no corrió el típico viento vespertino. Lo particular de la situación, entonces, resultó ser la ausencia del viento sur que en circunstancias normales, por las tardes, suele aliviar la temperatura. Y tal vez, debido a esto último, se instaló la sensación de sopor o sofocamiento en la población. Por ende, habrá que concluir en que el clima caluroso se prolongó de manera uniforme durante varios días sin dar “respiros” de aire fresco.
Respecto a la sustancia de este apartado, donde se ha mencionado la perpetuidad por varios días de una ola de calor, y de los inconvenientes típicos que algo así puede suscitar, debe agregarse que se produjeron los característicos incendios naturales, y que gracias a factores divinos no resultaron relevantes en su intensidad, o por los daños provocados. Pero más allá de estas cosas, no hay razones para profundizar el tema.
Y al igual que en muchos lados, el calor tan persistente, trajo agua. En el lapso de este verano, las tormentas fueron muchas. Algunas provistas de fuertes vientos, otras de granizo, y el típico relampagueo. Sin embargo, el motivo principal por el cual se destacaron resultó ser la cantidad de agua vertida; dado que los milimetrajes fueron altos en muchos puntos de la Rep. Argentina , pero lo que acá interesa, es contar qué sucedió en Pedro Luro.
Una tarde de Enero, tal vez sería el 15 (precisar la fecha no es posible), el pueblo pasó de soportar un día soleado, a recibir la imprevista sorpresa de una tormenta. Llegó muy rápido, sin aviso. El cielo se oscureció de golpe y pasaron fuertes ráfagas de viento, sembrando la amenaza de la furia eólica, que tantos destrozos suele causar. Pero para sorpresa de todos, el viento cesó al instante, como si se tratara de una ráfaga aventurera que viajaba hacia la patagonia, y comenzó a llover como nunca. Resulta muy difícil cuantificar la magnitud del agua que caía por segundo, pero se puede asegurar que en esta zona no llueve de semejante manera. Fue torrencial, abundante, constante, sin intermitencias, y muy breve; sí, muy breve, pues en no más de 25 minutos había amainado; y a los 30, no bajaba una sola gota más, mientras que el cielo comenzaba a despejarse a la misma velocidad con que se había nublado. Para ese momento, el saldo era evidente, el agua había saturado el sistema de drenaje del pueblo, y un porcentaje enorme de las calles estaban inundadas. Debe ser referido el hecho de que existen zonas en Pedro Luro, que suelen inundarse durante ciertas tormentas, y que las mismas han sido empleadas por las distintas oposiciones políticas a lo largo de su historia, como instrumento de queja. Pero incumbe afirmar, que jamás se había inundado el pueblo en la forma y magnitud ocurrida durante enero de 2011, y mucho menos en tan corto espacio de tiempo; por consiguiente, lo ocurrido se debe a un episodio singular de ciertas manifestaciones meteorológicas, que extrañamente están sucediendo por estos años. ¿Será tiempo de abrir los ojos?
Dejando atrás el tema de las lluvias, vale apelar a la memoria del fiel lector, quien recordará que en este espacio ya se ha dicho, que cada vez el ser humano se parece más a una rana, dado que si a esta se la echa a una olla de agua hirviendo, salta hacia fuera; pero en cambio, si se la pone en agua fría, y se la va calentando de manera lenta, muere cocinada. En referencia a esto, cabe decir que el conformismo del hombre hacia las nuevas condiciones naturales, es proporcional a la desarticulación de las viejas. Sostener esta afirmación rotunda podría parecer un trabajo de dimensiones babilónicas para el menor de los artrópodos, pero lamentablemente lo acaecido durante los últimos meses, hace que ello sea sencillo.
Esta queja caprichosa tiene su fundamento en un episodio que el verano pasado destelló por revestir dotes extraordinarias, y que hoy mismo se ha transformado en algo de mediana habitualidad. Es triste y digno de lástima ver como los habitantes de esta zona se han acostumbrado a un fenómeno propio del desierto del Sahara, esto es, la típica tormenta de arena.
Durante este verano, se han visto varias de ellas, y a diferencia de la primera donde se paralizó toda actividad humana, en las posteriores, muchas personas continuaron su labor… ( quien escribe, se debería encolumnar con la gente que no cesó de trabajar). Esto, de manera lastimosa y metafóricamente hablando, ilustra que somos una sociedad de ranas, a sabiendas de la extraña adaptación a cambios graduales en nuestro medio. Aunque, a decir verdad, dichos cambios constituyen profundos trastornos de letal impacto en el mediano plazo, y que tal cual sociedad de ranas, no se quiere tomar conciencia de ello.
Durante este verano, se han visto varias de ellas, y a diferencia de la primera donde se paralizó toda actividad humana, en las posteriores, muchas personas continuaron su labor… ( quien escribe, se debería encolumnar con la gente que no cesó de trabajar). Esto, de manera lastimosa y metafóricamente hablando, ilustra que somos una sociedad de ranas, a sabiendas de la extraña adaptación a cambios graduales en nuestro medio. Aunque, a decir verdad, dichos cambios constituyen profundos trastornos de letal impacto en el mediano plazo, y que tal cual sociedad de ranas, no se quiere tomar conciencia de ello.Queda por decir, que los desajustes climáticos, ocurren en todas partes del mundo, y que reúnen características similares. A nadie le llama la atención que en estos últimos años ocurran los fríos más fuertes, las lluvias más torrenciales, los incendios más grandes, los vientos más destructivos, etc. Tal vez, estos sean los últimos momentos en que se puedan tomar acciones que repercutan en aliviar los eventos meteorológicos, porque los científicos han expresado en más de una oportunidad, que existe un punto de no retorno donde traspasarlo, significa ingresar en una era de caos climático. Qué se ha hecho para evitarla: poco! Las organizaciones ecológicas no pueden torcer la historia. Acá hace falta decisión política. Si los grandes intereses económicos siguen guiando el timón del mundo, tal vez, la humanidad no llegue a descubrir el próximo siglo. Al tiempo de escribir esta nota, ningún medio parecía recordar el derrame de petróleo del golfo de México (mayor de la historia), los hielos del Ártico han retrocedido como nunca, y en el hemisferio norte, la capa de ozono alcanzó la disminución más importante desde que se la mide (el 40%, un dato alarmante). Para suma de males, Japón vela al borde de una catástrofe nuclear debido a desperfectos en la planta de Fukushima, tras los daños causados por un tsunami. O sea, a nivel global, el hombre ha hecho demasiado durante el 2010-11 para destruir la vida. ¿Entonces, cabe preguntar, por cuánto tiempo se puede seguir con esa actitud?
Tal vez, no por mucho.
Fuente foto: "tornado de fuego" www.blogsadventistas.blogspot
Gracias a Marcelo "Marianito" E. por ceder las fotos de las calles inundadas en Pedro Luro.


Es muy lindo el texto, te felicito loco
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